Los videojuegos de mi vida I

 
 Los juegos de mi vida
 

 

 

Me encontraba esta mañana soñando en uno de esos sueños con estética de videojuego. Uno de esos videojuegos que tienen la estética del Quake, el Unreal, el Doom,  otro de cazar dinosaurios, el Dukenukem, el Eretic (No sé cuantas veces jugué y acabé la demo; el resto del juego unas pocas), el Blood (Ese no me convenció tanto aunque sólo jugué la demo) y otros que se han perdido en mi memoria; juegos de pegar tiros, o espadazos, sin ver la propia figura salvo parte del brazo donde se portara el arma.

 

 

En este caso el sueño era en un hospital al que se iba en tren y mi personaje iba desarmado caminando por este evitando que unas criaturas alienígenas, parecían unos robots de infantería de la miniserie “Terminator redention”, me atraparan y salvándome al pasar ante unos soldados que les podían hacer frente.

 

 

 

El sueño lo comentaba porque me ha traído un viejo recuerdo. La primera vez que vi el Unreal lo hice en mi casa, con mi primo y mi hermano, me parece que mi primo movía el teclado, y estábamos con las persianas bajadas y la puerta cerrada. Creo recordar que las películas de terror ya me habían dejado de dar miedo por aquel entonces. En cambio, esa videojuego en su comienzo tenía una atmósfera de autentico terror. La historia comenzaba con el protagonista en una nave enorme oscura, sin casi electricidad; luces de emergencia, cortocircuitos y otros detalles así, donde se veía que alguna criatura había masacrado, las evidencias de sangre lo dejaban claro, y la música ambiental era más sobrecogedora. En un momento dado, preguntándose el jugador como podrá vencer a la criatura que está masacrando a sus compañeros, abre la puerta y, ante la luz roja y la alarma de emergencia, aparece la criatura. Un ser del mismo tamaño que un ser humano, armado con una garra a lo Freddy Cruger, con aspecto de lagarto, cola incluida pero bípedo, y creo recordar que algún tipo de mascara unida a la cara. En ese momento, cuando uno piensa que se le ha acabado el juego a manos de ese ser, el ser se marcha tras un instante de terror, llena de sorpresa la situación en el jugador, y entonces coges un arma que se recarga y comienza la acción.

 

unreal_tournament.jpg  

Ese videojuego tenía muchos detalles interesantes empezando con la presentación. Mi primo había comentado que el videojuego lo hicieron unos programadores españoles, no sé si estaba bien informado, pero estaba en inglés. La presentación tenía un carácter muy onírico. Aparecía el protagonista desarmado volando alrededor de un hermoso castillo que aparecería en una de las pantallas del videojuego tiempo después; todo con la música de presentación.

 

 

 

Luego tenía el elemento despiadado y hostil de un soldado, según esto es un criminal pero yo, que desconocía la historia, lo veía como un soldado anonimo, solo ante el mundo, enemigo publico de ese planeta donde no entienden el concepto de que un individuo único no supone una amenaza incontrolable para el grupo y van a liquidarlo. Eso se veía bien con los mazacotes de primeros adversarios; unas criaturas enormes, del tamaño de osos, armadas con pistolas con bolas de energía y que bien pudieron inspirarse sus creadores en gorilas de discoteca a la hora de crearlos. Pero también había una sensación de maravilla ante los hermosos pasajes, las flores en el terreno, unas pequeñas criaturas verdes que llamaban vacas y sobretodo de empatia al final hacia los oprimidos; aquellos monjes con seis brazos que eran el eslabón más débil en su cadena de poder pero al mismo tiempo los más humanos y los que podían ser unos aliados puntuales.      

 

 

 

Siempre quedarán en mi memoria los guerreros lagarto, los gigantescos mazacotes, los titanes lanzapiedras, unos que hasta parecían humanos con casco y los guerreros mosca con una lanza que disparaba bolas rosadas como algún arma del Eretic; un juego del que recuerdo sobretodo pantallas con fuego y matar gárgolas de piedra. El Dukenukem lo recuerdo sobretodo por ser probablemente el primer juego de este estilo al que jugué. El Quake sobretodo porque mi primo jugaba muchísimo a este.

 

 

 

Pero lo que más me marcó de ese videojuego, tan rico en detalles sensoriales, que, como muchos otros, nunca llegué a acabarme, sé que acababa el jugador volando en una nave de vuelta a casa, pero que sí vi más cosas por medio de trucos, el de inmortal y el de volar eran mis preferidos, o ir directamente a la pantalla en cuestión en otro menú, que era tan difícil que no pasé de la tercera pantalla, pasada la mina, la siguiente, todo seguido, fue una secuencia de tres pantallas.

 

 

 

Después de una pantalla en la cual se llega desde un castillo en un ascensor a una mina que está flotando dentro de un asteroide, un micro asteroide o trozo de roca, sobre una nube de ozono rosado, entre otros micro asteroides, ante el cielo estrellado. Pasado esa mina a la que se llega se pasaba a otra pantalla que era mi pantalla preferida. Era un pueblecito sobre las estrellas, donde la canción que sonaba era pletórica y el pasar por allí era una maravilla por lo majestuoso del pueblo, de su cascada y el cruce entre espacios temporales; la pantalla llamada “Sky Town” me encantaba sin duda y su continuación menos pero también me gustaba porque se podía ver el resto de ese majestuoso lugar hasta llegar al teletransporte. Es algo que le falta al Tournament; hasta alguna no pantalla, en una nave, que hubiera querido que fuera pantalla era una experiencia sensitiva.

 

 

 

De pequeño mi primo Alberto, el único primo cercano que tengo, era un gran aficionado a los videojuegos y nos aficionó a mi hermano y a mí aunque nunca

llegamos a ser tan hábiles como él ni tan aficionados; nos acercábamos pero no tanto.    

 

  

 

La verdad es que hace tiempo que no juego habitualmente a videojuegos. Mis años de primaria y secundaria fue cuando más jugaba. Con ocho años trajeron a casa mi primer ordenador y con siete, creo recordar, la master sistem mega drive; antes hubo una de diapositivas que tenía un tetris y un pin pon. Mi primer ordenador fue un 486, un ordenador viejo para su época; un ordenador que mi tio nos dio porque ya no lo iba a usar. Con ambos pasé muy buenos años en lo que respecta a videojuegos.

 

 

 

Recuerdo principalmente el Sonic, algo el Alex Kid (Un videojuego que estaba grabado por defecto en la videoconsola), Indiana Jones y la última cruzada o, por supuesto, Asterix y Obelix.

 

 

El sonic siempre fue un videojuego trepidante y dinámico del que no me preguntaba la historia ni llegaba a concebir que tuviera una historia concreta. Cogí cariño a ese viejo erizo azul que no paraba de dar vueltas cogiendo anillos. Indiana Jones era un videojuego que veía más en serio, de no jugar todos los días, pero que tenía la virtud de poder ponerse a prueba viviendo de manera más compleja la historia que se cuenta en la película; ser participe de ella. Asterix y Obelix era un clásico con el que mi hermano y yo nos divertíamos mucho. A mí me gustaba más Obelix y a él Asterix. Recuerdo especialmente, quizá por ser una de las partes más difíciles de ese juego, el combate con el pirata; que no paraba de dar vueltas como si fuera un remolino mortal.

 

    

 Claro que los primeros videojuegos  a los que jugué en el ordena no eran para tanto. Recuerdo sobretodo el Zool; un juego dinámico en el que uno llegaba a enfrentarse a abejas y no paraba de saltar pero que no se podía grabar; era imposible de terminar por eso.

 

 

Claro que yo empecé jugando a cosas como ese juego de los cañones, el que ponía el Windows en los comienzos, o juegos como “¿Donde está Carmen Sandiego?”, ideal para los días en que el ordenador tenía muchos virus y estaba pendiente de ser formateado, o el Adventure; un juego particular porque se jugaba dando ordenes al programa como “adelante, anda, baja, ve a la derecha”, etc. escritas en la pantalla y se avanzaba de unas imágenes a otras (Imágenes del paint) mientras se veía eso y el texto; una historia de fantasía curiosa que tampoco acabé. 

 

 

Claro que jugaba también a juegos de baloncesto, le tenía mucho cariño a un antiguo videojuego en el que casi no se distinguían los jugadores de ambos equipos ni cual se estaba seleccionando pero que me proporcionó muchas horas de diversión. Recuerdo incluso un videojuego de golf con unos gráficos muy penosos, de estos que estaban en disquetes, en el que se podía editar para jugar en un mapa que tenía lagos y dinosaurios pero era totalmente en 2D.

 

Teniendo el Windows 3.11, cuando no tenía al instalarlo un error y aparecía un Windows 3.0 que no valía para nada y no funcionaba ni el Chest (Un juego de ajedrez) correctamente,  no había demasiados juegos. Eso, con un ordenador con poco más cien megas de espacio, era un problema y me hacía ver el Windows 95 como la panacea; ya cuando llegó supuso una gran mejora pero no era para tanto. El único juego que me iba aunque era para Windows 95 era un juego tonto de cuidar gatos o algo así. Por lo menos jugábamos al “Snake” y a uno llamado Banana; que se manejaba con teclado pero era como el de los cañones.

 

 

Entonces llegó el turno al Fable, uno de esos juegos de actividad haciendo clic con el ratón en distintos puntos de la pantalla, seleccionando opciones que provocaban efectos pero todo muy estático, juegos como el clásico Larry 7, y del que recuerdo especialmente (Del Fable) al lagarto que tocaba el tambor que mataba y el primer emplazamiento, con el castillo entre el hielo y los bosques.

 

 

 

Luego había juegos más mixtos como el Pirates Gold, de manejar con el teclado por el mapa, en las aguas, opuesto al juego de “Cristóbal Colón”, consistente en un viaje, como si se manejaran los instrumentos de navegación, la profundidad, el astrolabio y demás, en que el de Colón sólo se podía guardar la partida, “grabar” en lenguaje coloquial de la época, fuera de tierra mientras que el de Pirates Gold era siempre en tierra. 

 

 

Recuerdo también el Privater (Con este daban ganas de usar el jostick pero resultó ser muy inútil casi siempre ese artilugio; incomodo para manejar los controles de movimiento, de seleccionar botones de menús); un juego que era de ciencia ficción manejando una nave y que tenía un poco de parecido con el Pirates G pero más lento; me hacía ilusión descubrirlo pero por incompatibilidades con mi ordenador no fue posible.

 

 

 

 

 Además del temprano “Atmosfear”; de los juegos de mesa en versión digital; un pionero que no daba miedo pero cuyo protagonista, parecido a Golum, era muy mal ocurrente.

 

 

 

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