Los videojuegos de mi vida III

 

Los videojuegos de mi vida III

 

Todo ello en el ordenador porque, pasados los años en que jugábamos a la master sistem, me olvidé de las videoconsolas que continuaban con la Nintendo 64 y la play Station (Mucho han cambiado), además de la Game Boy, mientras juegos como Mario Bross triunfaban.

 

En mi etapa de los 7 a 10 años descubrí también videojuegos como el Worms. Es un juego que comenzó contemporáneo a los lemings y que en sus múltiples versiones supuso horas de diversión con mi hermano, mi primo y amigos. Incluso mi prima Elena quiso aprender a jugar. Recuerdo especialmente una anécdota con las armas a máxima potencia en la versión más poderosa y con todas las armas. Eran el tipo de partidas que nos gustaban; impredecibles, llenas de vida y creatividad. En una de las partidas uno de los jugadores lanzó una super banana y sólo se salvó un jugador de los míos de caer al agua y porque cayó por un milímetro en el pincho de diablillo de un fragmento del mapa tras salir volando por la onda expansiva y le quedaba algo de vida.

 

Ya unos años después estaba el Blade Sword, con su forma peculiar de afrontar los combates como si fuera un combate de sumo, con un movimiento circular orbitando al adversario y hasta con cansancio.  Ese y el videojuego de las magic; que nos permitía a mi hermano y a mí crear mazos interesantes de verdad; esto antes de aficionarnos a jugar al juego de cartas en sí. Además de, claro está, el Subculture; complicadito al empezar con tantos corsarios submarinos intentando destruirte desde el comienzo.

 

Pero los juegos de mi vida, sin duda alguna, son tres principalmente. El LBA2, el Diablo II y el Bardur Gate II:

 

El LBA2, “Little big adventure 2” (La pequeña gran aventura 2). Era una historia sobre un mundo armónico e ideal dos conviven cuatro especies civilizadas. Unos eran humanos llamados colines. Otros se llamaban conejudos (Aspecto de conejos), otros elefos (Cuerpo humanoide pero de elefante) y los otros no lo recuerdo pero eran seres azules. Todos ellos viven en un mundo tropical, salvo el anillo de nieve y montañas que divide el planeta en dos, y manejan la magia como parte de su cotidianidad en el caso de quienes la aprenden; como una opción más. En esta parte Frunfrock, el villano, lanza una estratagema para hacerse con la esencia de la magia y ser archí poderoso. En la primera parte lo intenta con el planeta de Twinsen, nuestro protagonista, y en la segunda lo hace con un nuevo planeta donde habitan otras criaturas pero de forma semejante a la del planeta primero.

 

 De hecho comienza esta segunda parte con la aventura de Twinsen por visitar la ciudad de al lado y convertirse en mago, recuperar su dinofly, su pelota de tenis y luego ir de infiltrado al planeta vecino, donde le tienen por enemigo hasta vivir la aventura allí y desbaratar los malvados planes de Frunfrock. En la primera comienza recluido en una cárcel mientras todo el mundo está invadido por clones. Continúa por una aventura alrededor de las distintas islas, incluso atravesando la zona montañosa del centro del planeta, encontrándose con personajes que luego reaparecen en el segundo, que me gustó mucho más, con algunos sitios que luego se verán en la siguiente parte pero en su mayoría no, de su planeta para encontrar el acceso al núcleo del planeta y vencer en un duelo de espadas al villano que resulta ser un clon de Frunfrock y no Frunfrock mismo.   

 

 

Era un juego en 3D, dinámico, de aventuras, de aspecto más contemporáneo, desenfadado, rico en diálogos, muy visual. El primero apenas jugué, tenía problemas para guardar las partidas y luego se estropeó, mi primo se lo pasó y así lo vimos del todo, pero jugué su secuela mucho. Lo reinstalé más seis veces desde los nueve hasta los quince. Me encantaba el aspecto de los diálogos, transcritos en español pero pronunciados en inglés o en francés (Me encantaba en francés; sonaba a francés del bueno; con su fonética nada pastiche) según como se instalara. También estaba muy bien la música y en general la forma de plantear la aventura.

 

Recuerdo en especial el lanzar los rayos, la barrera de invulnerabilidad, el dinofly, el entrar a uno de los palacios finales, llegar a la cima de la montaña de la primera isla para hacer que parase la lluvia y poder tomar el ferry además de, sobre todo, junto con las tragaperras, la prueba del faro astronómico. En ella, en este juego de ingenio donde tenía mucha libertad de movimiento, me encontraba tratando de cruzar un faro donde aparecía a medida que se pasaba el punto siguiente donde había para pisar; era un laberinto 3D en el cual, si te caías, ibas al vacío y acababas el juego definitivamente.

 

El Diablo II fue un juego que conocí tras jugar varias veces a su primera parte. Es un juego de genero fantástico, en el cual el jugados se mueve en un plano, de dos dimensiones, luchando contra las fuerzas del mal, un videojuego en el que se jugaba con el ratón y teclas varias para habilidades y hechizos. Básicamente en eso consistía la historia; claro que luego se complicaba haciendo que el héroe cumpliera misiones, al estilo de juegos posteriores como el Sacred, al que hace un par de años, o menos, que jugué, o el antiguo Nox, también muy bueno, recuerdo de este en especial el dar vueltas en círculos para vencer con magia a un guerrero hábil que con un par de golpes hubiera podido derrotarme, manejando a un personaje a elegir. En el primero, recuerdo fundamentalmente a los machos cabrios y una camara especial. En el segundo, videojuego que pedí como regalo de reyes no recuerdo que año, de los combates, recuerdo sobretodo a Andariel cuando la vencí con el necromante, Nick, a base de pociones, o las momias faraones o los escarabajos o luego el caos de la selva y ya no digamos el combate contra el Diablo, que tuve que saltarme tras irse ocho veces el ordenador mientras lo vencía, y los bárbaros con los que combatir en el mundo de la expansión.

 

Era unos de esos juegos que además de jugar te permiten desarrollar una historia y crear de verdad a tu personaje; cada personaje tenía sus cosas; el bárbaro con sus supersaltos de ataque, el paladín con su ahínco certero, la hechicera con su teletransporte, la arquera con cualquiera de sus habilidades con flechas, el druida convirtiéndose en licántropo, la asesina con su dominio de las bombas o el nicromante con su capacidad de maldecir.

 

Yo le tenía especial cariño a Nick, un necromante muy malo y muy mal hecho pero que al final, no sin ayuda, lograba, con sus puntos fuertes y sus débiles, salir adelante y llegó, por perseverancia sobretodo, más lejos que ningún otro de los personajes.

 

Claro que el juego estrella, sin duda alguna, fue el Bardur Gate II. Por un lado tiene la puesta en escena animada con la dinámica del propio juego que queda muy bien. Por otro, siguiendo un modelo similar al del Diablo II, tenía la diferencia de ser varios personajes y la historia era mucho más compleja en todo, con muchas más sub misiones y demás. Una de las cosas superinteresantes era la capacidad de crear una historia nueva cada vez.

 

 El villano general, Irenicus, también era muy verosímil y tenía una gran jugabilidad. Me encantaban los personajes, historias como las de los druidas y los ladrones de las sombras, ni la primera parte, aún con su expansión, ni la expansión del 2 me convencieron tanto, y diseñé, en las más de nueve veces que instalé desde los 12 hasta los quince y años después, personajes tan entrañables como Cantarina, Bifur o Petunia.

Creo que en este caso mejor que se juegue para saber más. La verdad es que todos estos juegos, que a veces referencio o incluyo cosas de ellos en mis novelas y relatos, fueron una parte importante de mi vida aunque ahora juegue, más bien a veces, a juegos del móvil como el “Cuadrapop” y no juegue más, han sido, son y serán una parte importante de mis experiencias vitales.

 

Con los años, a medida que me formaba más como escritor y mis actividades de ocio iban cambiando, fui perdiendo interés y planificación de cara a jugar a los videojuegos porque había otras cosas que me apetecía más hacer pero nunca ha sido algo que sea negativo desde mi punto de vista. En definitiva; los videojuegos no dejan de ser relevantes y estos son los videojuegos de mi vida.

 

 

 

 

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